Cuando la creencia se vuelve cuerpo
Una mirada psicológica sobre creencias, cuerpo y síntoma
REFLEXIÓN DE LA VIDA
Víctor Omar Mendoza
12/13/20252 min read
No todo lo que se dice estar comprobado científicamente es irrefutable. Hablando de impacto emocional, las creencias suelen tener mayor impacto que las evidencias. Dice la ciencia, por ejemplo, que el resfriado se desarrolla a partir de la adquisición de un virus; sin embargo, es sabido, según la creencia popular, que salir al frío con el cabello mojado causa gripa. Se podrá establecer claramente que el causal no fue el cabello mojado, que la creencia tuvo un efecto nocebo (el contrario al placebo) y que el cuerpo, de manera psicosomática, cayó en la sintomatología de un resfriado común. Invariablemente, los síntomas son resultado de un virus. Esta manera de razonar me recuerda cuando alguien dice: “No tienes nada, es algo psicológico”, como si lo psicológico no existiera, como si lo psicológico fuera nada.
Las creencias rebasan las realidades. Si tú crees que, si duermes boca arriba, “se te sube el muerto”, muy a pesar de la falta de evidencia de dicho estado, es posible que la parálisis del sueño te ataque. Esto se debe a que tu creencia propicia un incremento real de episodios por miedo acumulado e hipersensibilidad a los cambios corporales al dormir. No importa que no haya evidencia: tu conocimiento previo y la creencia generacional (sin evidencia concreta) te dicen que dormir boca arriba es peligroso y, entonces, se disparan todas las consecuencias físicas y emocionales (hormigueo, presión en el pecho, sueño más fragmentado, ¡ya me está pasando!) y se refuerza la creencia y el ciclo. A veces no enfermamos por lo que pasa afuera, sino por lo que creemos que nos puede pasar, y eso es tan real como un virus.
Hacemos real aquello a lo que ponemos atención. Si yo creo con firmeza que me va a ir bien en la entrevista de trabajo, que esta empresa está predestinada para mí, que algo dentro de mí me dice que seré seleccionado, probablemente sea seleccionado. Esto no quiere decir que una fuerza superior o el universo conspiraron para que, con mi solo pensamiento, haya atraído ese evento positivo; quiere decir que esa manera de pensar se reflejó en una mayor confianza en mí mismo, que a su vez se manifestó en la entrevista de trabajo. Los pensamientos son clave para todo aquello que sucede a nuestro alrededor. Lo llamado “mental” o “psicológico” existe como existe un hueso fracturado o una apendicitis.
Saber dominar tus creencias y tus pensamientos te acerca más a propiciar condiciones favorables en tu vida. No las atrae mágicamente. Quien no cree que salir al frío con el cabello mojado enferma probablemente no vaya a enfermar, no por el simple pensamiento o creencia, sino por el impacto que este tiene en su propio cuerpo. Quien, por el contrario, cree que no es merecedor de amor, que en algún momento lo van a traicionar, se mostrará inseguro, asfixiante, tóxico y, como resultado, probablemente lo acabarán abandonando o engañando, reforzando la creencia de que no es merecedor de amor.
La fórmula es clara: mi creencia en relación con la situación es más determinante que la situación en sí. Cualquier creencia puede convertirse en un esquema cognitivo completo, amplificando las consecuencias emocionales. Lo mismo sucede en todos los ámbitos de nuestras vidas: cuando interpretamos el mundo con ideas rígidas e infundadas, nuestro sistema nervioso responde como si la amenaza fuera real, generando síntomas físicos. Las creencias y los pensamientos nos pueden jugar a favor o en contra; eso, a diferencia de lo que sucede a nuestro alrededor, sí lo podemos controlar.


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